martes, 26 de agosto de 2014

MEGAFAUNA PLEISTOCÉNICA EN EL MUSEO DE LA PLATA (ARGENTINA)

 
Siguiendo con la descripción del Museo de La Plata, descrito en el capítulo 3 de In Patagonia, nos dice el narrador que había los huesos del Mylodon listai (M.darwini) o perezoso gigante, de la cueva en la provincia chilena de Última Esperanza.
La Plata era el hogar del genovés Florentino Ameghino, naturalista y masón (algo muy normal entonces en Iberoamérica), que puso una papelería llamada El Gliptodonte, por su animal favorito.
Glyptodon-1.jpg  Coraza de gliptodonte o armadillo gigante conservada en El Museo.
A continuación habla de los Notoungulados, que tras quedar Sudamérica aislada en el eoceno, crearon una fauna propia de Sudamérica.
Thomashuxleya.jpg
y de los Condilartros, que alcanzaron una gran radiación evolutiva durante el Paleoceno.
Phenacodus.jpg

La fauna sudamericana se hizo muy peculiar, con animales como el Megatherium
Megatherium americanum Skeleton NHM.JPG descubierto en 1788 en Argentina y enviado al Museo de Ciencias Naturales de Madrid, donde aun se conserva; o el Toxodon
Toxodon.jpg
Había perezosos, puercoespines, osos hormigueros y armadillos.
También Liptoternos como Macrauchenia
Phenacodus primaevus and Macrauchenia patachonica.jpg Macrauchenia2.jpg

Con el restablecimiento del puente de Panamá, los carnívoros norteamericanos como el puma o el tigre diente de sable bajaron al sur y acabron con gran parte de aquella peculiar fauna sudamericana.
Sin embargo, a Ameghino no le gustó esta singular Doctrina Monroe: "América para los (norte)americanos". No le parecía suficiente que pequeños perezosos hubiesen llegado a Centroamérica, armadillos a Texas o puercoespines a Canadá y propuso que los mamíferos e incluso el Hombre se habían originado en Sudamérica.
En al capítulo 91, se dice que el Mylodon era un perezoso gigante de suelo, mayor que un toro. Un pariente suyo fue enviado por el Dr Bartolomé de Muñoz de Buenos Aires al Gabinete de Curiosidades del Rey, en Madrid (hoy Museo de Ciencias Naturales). El rey ordenó un segundo especímen, vivo o muerto. El esuqeleto sorprendió a los naturalistas de la generación de CuvierGoethe trataba de él en un ensayo que parece anticipar la teoría de la evolución.
JW Goethe - Kügelgen.jpg
Los zoólogos tenían ante ellos un mamífero antediluviano, de 15 pies de altura, que era una versión magnificada de los perezosos ordinarios comedores de insectos que trepan arriba y abajo de los árboles. Cuvier le dió el nombre de Megatherium (mamífero gigante) y sugerió que la naturaleza había querido entretenerse en crear "algo imperfecto y grotesco".
Darwin encontró los huesos de uno entre sus "nueve grandes cuadrúpedos" que encontró en la playa de Punta Alta, cerca de Bahía Blanca, y los envió al Dr Richard Owen, del Real Colegio de Cirujanos. Éste se rió de la idea de que los perezosos gigantes subieran a árboles gigantes antes del Diluvio

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